Con el martillo impasible que las redes P2P están suponiendo para las distribuidoras de contenidos digitales (aquellas que no aportan más que la distribución, que no es el caso de Amazon, Netflix, Pandora, Lastfm, Shoutcast, etcétera, etcétera, y las que quedan por venir), y lejos de readaptar su modelo de negocio al nuevo paradigma, las productoras y las distribuidoras están optando por dos métodos más bien reaccionarios: el boicot legal y el boicot físico. El boicot legal ya es de sobras conocido: presión a los gobiernos para la implantación de cánones y nuevas leyes hechas a medida. El boicot físico, sin embargo, pasa más desapercibido y consta de métodos mucho más rápidos y sencillos, como explican aquí. El conjunto de estos métodos lo podríamos denominar “jamming”, técnica que se puso de moda en la II Guerra Mundial y que consiste en el envío de interferencias con el fin de cegar las antenas del enemigo.
En el caso de las redes P2P, el mecanismo consiste en introducir en ellas contenidos que, bajo nombres de contenidos reales, albergan contenido falso. Para el efecto han surgido empresas que, ante la desesperación de los grandes depredadores, hacen negocio del momento. Son empresas que se encargan de contaminar las redes P2P.
La más importante de este tipo es MediaDefender, llevando ya 5 años de experiencia en dichos menesteres, con las principales majors de música y películas como clientes. A diferencia de las técnicas de Gestión de Derechos Digitales (DRM), que se encargan de proteger el contenido, MediaDefender se encarga de proteger el canal de distribución. Esta protección se realiza durante un periodo de tiempo de 1 o 2 meses, periodo en el cual las compañías ganan la mayoría de sus ingresos. Las majors pueden llegar a pagar entre $5,000 y $15,000 por título según el nivel y tiempo de protección que deseen.
Su sistema influye en varias redes P2P respaldándose en 2000 servidores distribuidos alrededor del mundo con contratos de ancho de banda de 9Gbps. Dichos servidores se encargan de seguir 4 estrategias, definidas como ‘decoying’, ’spoofing’, ‘interdiction’ y ’swarming’:
El decoying (señuelo): consiste en distribuir archivos falsos (fakes) por la red. La idea es que sea difícil de encontrar el contenido real entre tanto fake. Se intenta asegurar que estos fakes aparezcan en los top 10 de las búsquedas para unas determinadas palabras clave. Para ello hacen que los ficheros ocupen lo mismo que los originales e imitan los nombres de ficheros que suelen poner los hackers. Todo esto ayudándose del gran ancho de banda para luego servir estos fakes.
El spoofing (fraude): devuelven como resultado de búsquedas direcciones que no existen. En MediaDefender tienen su propio software que interactúa con varios protocolos P2P. Con esto se intenta frustrar las búsquedas de muchos usuarios que sólo clican en los primeros cinco resultados.
La interdiction (prohibición): mientras las dos anteriores se encargan de frustrar las búsquedas ésta se encarga de evitar la descarga del contenido real. La idea es ralentizar la propagación del fichero en los primeros días de su aparición. Los servidores de MediaDefender crean numerosas conexiones a los ficheros reales saturando el ancho de banda de subida del usuario y evitando la descarga por parte de otros.
El swarming (infestación): las redes BitTorrent (aún siendo más difíciles de corromper) utilizan ficheros hash para reensamblar las numerosas partes de un fichero que pueden haberse bajado de distintos usuarios. En este caso MediaDefender sirve dichas partes pero las llena de ruido o de nada. Cuando el fichero total es reensamblado se encuentran trozos de silencio, ruido, mala calidad, etc. Esta técnica funciona sobre todo con descargas de software, donde la mínima modificación de los datos puede dejar el fichero inservible.
MediaDefender cuenta entre sus clientes con todas las majors musicales y la mayoría de estudios, con la excepción notable de Disney. Curiosamente la intención de esta compañía era trabajar con organismos como la RIAA o la MPAA, pero parece que éstos están más ocupados con los juzgados que no con estos métodos de lucha contra la piratería.
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